Revisión de datos: 8 mitos instalados sobre las vacunas contra la COVID-19

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La anestesióloga Anoushka Afonso recibiendo la vacuna contra la COVID-19.

La enfermera clínica Janine Guerra le administra la vacuna contra la COVID-19 a la anestesióloga de MSK, Anoushka Afonso.

Mito: Las vacunas de ARNm modifican el ADN y pueden provocar cáncer.

Verdad: Ninguna de las vacunas interactúa o modifica el ADN de ninguna manera, por lo que no pueden provocar cáncer.

El ARN mensajero (ARNm) no es lo mismo que el ADN y no puede combinarse con el ADN para modificar su código genético. Así es como funcionan realmente las vacunas de ARNm:

Las vacunas de ARNm utilizan una pequeñísima parte del código genético del coronavirus para enseñarle al sistema inmunitario a producir una proteína que desencadenará una respuesta inmunitaria en caso de contagiarse. El ARNm es frágil, por lo que luego de darle las instrucciones a las células, este se descompone y desaparece del cuerpo (en alrededor de 72 horas). El ARNm ni siquiera va al núcleo de la célula, la parte que contiene el ADN.

Por lo tanto, no es cierto el mito que dice que de alguna manera la vacuna de ARNm podría inactivar los genes supresores de tumores.

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Mito‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎: La vacuna no debe ser tan efectiva porque hay que seguir usando mascarilla luego de vacunarse.

Verdad:‎ Las vacunas funcionan extremadamente bien. La vacuna Pfizer-BioNTech tiene un 95 % de eficacia según un estudio en el que participaron alrededor de 43,000 personas. La vacuna Moderna tiene un 94 % de eficacia según un estudio en el que participaron más de 30,000 personas. La vacuna Johnson & Johnson/Janssen tuvo una eficacia del 85 % en la prevención de la COVID-19 grave en un estudio que incluyó a más de 44,000 personas. Pero ninguna vacuna ofrece una protección del 100 % contra el contagio del virus o la transmisión a otras personas, por lo que es muy importante seguir pautas de seguridad como el distanciamiento social, el uso de mascarillas y el lavado de manos con frecuencia. Esto es muy importante inmediatamente después de recibir la vacuna, ya que el sistema inmunitario demora un cierto tiempo en responder y ofrecer protección.

Todo lo que sabemos ahora mismo sobre la eficacia y seguridad de las vacunas contra la COVID-19
Aprenda de la especialista en enfermedades infecciosas de MSK, Elizabeth Robilotti, sobre lo que necesita saber con respecto a las vacunas contra la COVID-19.
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Mito: Si no tengo riesgo de complicaciones graves de COVID-19 no necesito la vacuna.

Verdad: Las personas sanas pueden tener una infección por COVID-19 grave. Aunque tienen un menor riesgo de sufrir complicaciones graves por COVID-19, pueden contraer y propagar el virus. Al vacunarse se protege usted y protege al resto de la comunidad.

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Mito: Obtener la inmunidad de forma natural es más seguro que obtenerla de una vacuna.

Verdad: El grado de inmunidad natural que una persona obtiene después de una infección varía de una persona a otra. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las primeras pruebas sugieren que la inmunidad natural puede no durar mucho. Desarrollar inmunidad a partir de la vacuna es menos arriesgado que hacerlo de forma natural porque no hay forma de predecir la gravedad de los síntomas si se contrae COVID-19.

Esperamos que cuando el 70 % de la población haya recibido la vacuna o se haya contagiado, logremos lo que se conoce como “inmunidad colectiva”, lo que significa que las posibilidades de que el virus siga circulando son muy bajas. Esperar a alcanzar esa cifra de forma natural, sin vacunar a la población, haría que la COVID-19 perdure por más tiempo.

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Mito: Si me vacuno me enfermaré.

Verdad: la vacuna no contiene ninguna parte del virus COVID-19, ni vivo ni inactivado. No hará que dé positivo en una prueba que busque una infección activa por COVID-19. Algunas personas que recibieron las vacunas informaron que tuvieron efectos secundarios leves o moderados, como dolor en el sitio de la inyección, fatiga (sentir cansancio), dolor de cabeza y dolor muscular. No todas las personas tienen efectos secundarios. Pero si los tuviera, estos son normales y es una señal de que su cuerpo está creando defensas contra el virus.

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Mito: Las vacunas se desarrollaron muy rápido. No podemos estar seguros de que sean seguras.

Verdad: las vacunas contra la COVID-19 se desarrollaron rápidamente en comparación con vacunas anteriores porque científicos, médicos y agencias gubernamentales de todo el mundo invirtieron enormes recursos para reducir la burocracia y publicar los resultados tan pronto como estaban disponibles.

Los CDC están haciendo un seguimiento minucioso de todas las reacciones adversas y estas han sido inusuales. Desde el 16 de febrero, en los EE. UU. se han administrado más de 55 millones de dosis de las vacunas y no han surgido preocupaciones por reacciones adversas graves.

Ha habido muy pocos casos de una reacción alérgica grave llamada anafilaxia. En general, se presentó en personas que ya tenían antecedentes de alergias graves. El riesgo general de sufrir una reacción alérgica grave es prácticamente el mismo que el de otras vacunas comunes.

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Mito: Las vacunas no son seguras para las personas embarazadas o que están intentando quedar embarazadas.

Verdad: Los CDC señalan que las mujeres embarazadas tienen un mayor riesgo de contraer enfermedades graves por COVID-19 y recomiendan que a este grupo se le dé la oportunidad de vacunarse después de discutir los riesgos y beneficios con su proveedor de cuidados de la salud. Ninguna de estas vacunas se probó en mujeres embarazadas o en período de lactancia, aunque los estudios en animales han demostrado que la vacuna es segura. La FDA les ha pedido a los fabricantes de medicamentos que estudien los efectos en las mujeres embarazadas o en período de lactancia.

Desde el 16 de febrero, no se han informado problemas de seguridad en un registro de más de 30,000 mujeres embarazadas que han sido vacunadas.

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Mito: La cifra de muertes por COVID-19 es exagerada. Incluye a personas que ya estaban enfermas con otras afecciones.

Verdad: En un informe de los CDC sobre las muertes debidas a la COVID-19, los investigadores descubrieron que la COVID-19 puede provocar directa e indirectamente la muerte. Las personas con afecciones subyacentes, como la diabetes o la obesidad, corren un mayor riesgo de contraer COVID-19 que las que no tienen afecciones preexistentes. Es verdad que las afecciones preexistentes de una persona pueden haber contribuido a que esta muriera por COVID-19. No obstante, si la persona no hubiese contraído el virus, es poco probable que su afección preexistente le hubiera provocado la muerte. De hecho, es probable que el número de muertes por COVID-19 sea mayor de lo que indican las cifras actuales. Por ejemplo, las personas que mueren de COVID-19 sin que hayan sido testeadas puede que no estén incluidas en las cifras actuales.


2 de marzo de 2021


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